Managua, 20 de noviembre del 2018

Diálogo para la paz no concertación


Diálogo para la paz no concertación

El diálogo transparente y con todos los sectores, debe considerarse la única salida a la crisis que vive el país, para no desembocar en más luto del que ya existe por el derramamiento de sangre de los jóvenes ocurrido en los cinco días de abril más sombríos de la reciente historia de Nicaragua.

Las diferentes manifestaciones pacíficas en todo el país, han demostrado que el pueblo siente como propio el dolor de las familias de universitarios y civiles muertos y clama por justicia.

Las manifestaciones también son un claro mensaje de que en medio de la indignación y el dolor, la gente prefiere el camino del diálogo para salir de la crisis, que otras opciones como un paro nacional, propuesto por algunos o un levantamiento violento sugerido por una minoría radical.

Los familiares de las víctimas deben de recibir una justicia verdadera, a través de procesos legales transparentes y fallos apegados a la verdad y a la ley, no puede ser de otra manera, no hay cavidad para otra cosa que no sea JUSTICIA.

Ninguno debía morir: ningún joven, ningún policía, el periodista Ángel Gahona, no cabe justificación y debe ser condenado por todos. No debió ocurrir, porque la protesta comenzó por jóvenes que sólo hicieron valer su derecho a manifestarse y expresarse, con conciencia, sin egoísmo y con un verdadero sentido de justicia.

Así, porque los jóvenes, históricamente, han estado más dispuestos a entregarse, ya lo hemos vivido en otros momentos de nuestra accidentada y trágica historia política.

Esos jóvenes, alejados de organizaciones y partidos políticos degastados en su mayoría por sus pasados opacos por corrupción y aprovechamiento de diferentes formas, se unieron y sorprendieron a todos al conseguir que miles de nicaragüenses salieran a las calles a manifestarse en contra de las reformas a la seguridad social.

Ahora, nadie tiene derecho de utilizar esa sangre para los fines políticos mezquinos de siempre y digo esto, porque han comenzado a salir como buitres carroñeros, los políticos rancios y colmados de vicios, que han vivido cómodamente, haciendo activismo desde cómodas oficinas con aire acondicionado, buscando un lugar para ver que agarran, aunque muchos ya ocuparon cargos públicos.

En ellos nadie creyó y nunca lograron convocar a la población, pero ahora proponen juntas de transición, las listas de quienes se autoproclaman como candidatos comienzan a salir, las fórmulas presidenciales abundan, en medio del dolor de las familias de las víctimas que merecen respeto.

El Presidente Daniel Ortega y su gobierno debe de reconocer y aceptar que los jóvenes universitarios, son inteligentes y con una verdadera sensibilidad social y actúan guiados por sus ideales como un día en el pasado lo hicieron otros miles de jóvenes.

No se puede tapar el sol con un dedo, los hechos hablan solos y han dejado al desnudo que los principales asesores políticos del gobierno actuaron con miopía porque no fueron capaces de reconocer la inconformidad aún en las propias bases del partido gobernante.

Creyeron que los miles de sandinistas con mística, que trabajan en zonas francas y por cuenta propia, no miraban como las instituciones del Estado se copaban con oportunistas y somocistas que se acomodaron con altos salarios, cometiendo actos de corrupción y donde La austeridad fue relegada.

Los reclamos de los retirados, parte de la base social del FSLN, para que se implementaran las leyes para otorgarles algunos beneficios, especialmente en salud y atención social porque la mayoría tiene una situación económica precaria, no fueron atendidos debidamente por las autoridades correspondientes, sin embargo, ahora han salido a dar la cara.

Confiaron en que la gente seguiría callada, mientras los empleados públicos de rangos medios y bajos trabajan más allá de sus horas laborales para garantizar la implementación de programas sociales, que han beneficiado a los más pobres, mientras algunos de los principales funcionarios se dan la vida de ricos, ubicando a familiares y amigos con salarios que no merecen.

La inconformidad se venía sintiendo, y, aunque no se puede creer totalmente en las encuestas, todas marcaban dos aspectos; la queja, casi generalizada, por los problemas económicos y el rechazo a los partidos políticos y sus dirigentes.

En el 2015, lo señalé en el artículo de opinión Las encuestas gritan el sentir de la gente escuchemos donde al final expresaba “los resultados de las encuestas no deben de ser tomadas como simples datos. Detrás de ellas están las voces de la gente, expresando que siente y desean y lo mejor es atender esos gritos a tiempo”.

Pero no se atendió y como los jóvenes eran quienes se mostraban más apáticos con la política, creíamos que solo chateaban y vivían fuera de la realidad. Craso error, porque eran los receptores impotentes de las quejas de sus padres y un día explotaron y decidieron actuar sin importar los riesgos, hasta perder la vida como sucedió.

El levantamiento juvenil, fue en contra de la reforma a la seguridad social (derogada) que establecía; una disminución de 5 por ciento en el monto de las pensiones de jubilados para atención médica, un aumento del aporte de los trabajadores del 6,25 a 7 por ciento y el incremento para la patronal del 19 al 22.5%.

Los jóvenes salieron a protestar en especial, contra la reducción del 5 por ciento en la pensión de los ancianos, que en su mayoría son muy bajas y cualquier disminución afecta su raquítica economía familiar.

De la protesta inicial de los universitarios contra la reforma a la seguridad social, se pasó a otros reclamos, luego de que fuesen atacados por la policía y otros grupos y cayeran los primeros jóvenes.

En medio de la indignación y dolor por las muertes y la inconformidad rezagada en sectores de la población, algunos grupos políticos y organizaciones comenzaron a pedir la salida del Presidente Ortega y ahora rechazan el diálogo como salida a la crisis.

No obstante, el levantamiento juvenil también constituye una bofetada para los políticos de todos los colores, en quienes los jóvenes no tienen la mínima confianza, como lo han expresado.

Irónicamente, al final uno de los mayores beneficiados de la protesta fueron los empresarios porque el incremento más alto en la reforma era para la patronal y por ello, ahora tienen una deuda moral ante esa lucha de los jóvenes y la sangre derramada.

Los empresarios tienen una cuota enorme de responsabilidad en todo esto y es hora de bajar sus dividendos, porque la reforma al seguro social, sólo fue el pretexto para comenzar a distanciarse del gobierno, pero la realidad es que desde que perdieron el mercado venezolano donde vendían sus productos a los mejores precios comenzó la inconformidad.

No se puede olvidar que el mercado venezolano fue la tabla de salvación para las exportaciones de los grandes empresarios cuando surgió la crisis económica en Estados Unidos.

Abonaron al distanciamiento del Cosep con el gobierno, las presiones de EEUU con la Nica Act y la aplicación de la Ley Global Magnitsky Human Rights Accountability Act a Roberto Rivas, sumado a la caída de la cooperación venezolana que significo un bajón en el circulante.

Los empresarios siempre han estado casados con los gobiernos desde inicio de los 90 con Doña Violeta Barrios, teniendo un bajón con Arnoldo Alemán y fortaleciéndose con Enrique Bolaños.

En esa línea, el gobierno sandinista apostó a lo mismo porque sabían que sin ellos de su lado no podrían gobernar, como sucedió en la década de los 80 que fueron el músculo de la oposición. Pero, cuando el dinero empezó a escasear y hubo que comenzar a apretar la faja, la relación entró en crisis.

La cruda realidad es que el gobierno tiene que hacer ajustes económicos, algunos por presión de organismos internacionales y otros porque la cooperación venezolana cayó y eso lo saben los empresarios y personajes de la política aún del propio FSLN, que han pretendido salir al frente de la situación en busca de un espacio de poder añorado por años.

. El gobierno planteo un diálogo y aceptó como mediador a la Conferencia Episcopal y ahí debe estar en primera fila como interlocutor una representación de los jóvenes porque fue su sangre la que se derramó y es por ellos que surge el diálogo.

Los estudiantes han dicho que desean asesorarse de personas que no estén involucradas partidariamente y eso es bueno porque querrán llevar agua a su molino y, aunque los muchachos sean valientes, la falta de experiencia puede pesar de forma negativa, en primer lugar dividiéndolos, hasta terminar decepcionados.

El Cardenal Leopoldo Brenes reiteró su llamado al Gobierno y a la población en general a evitar confrontaciones y un ambiente de tensión para encaminarse en el diálogo.

Ahora, la mayor responsabilidad está en las manos del gobierno quien tiene una oportunidad para escuchar, atender el clamor de la población y rectificar.

Existe un sector que rechaza el diálogo y plantean un paro nacional hasta que se vaya el Presidente Ortega. Pero, se olvidan que en Nicaragua el 70 por ciento de la población económicamente activa trabaja por cuenta propia y vive del día a día y quienes sufrirían de verdad serían los más pobres que no tienen capacidad para guardar alimentos o comprar un boleto e irse del país.

Basta con salir a la calle y acercarse a quienes trabajan por su cuenta para escuchar la preocupación por la situación económica que se atraviesa.

Y a quienes proponen una salida violenta, habría que preguntarles, si están dispuestos a ponerse ellos, sus hijos y familia al frente en primera línea, porque estoy segura que ninguna madre, padre o familia quiere a sus seres queridos ahí.

El diálogo es la única salida. El Presidente Ortega debe tener la sabiduría y humildad para rectificar y ceder en las demandas más sentidas y cada uno de los sectores dejar a un lado sus intereses porque las consecuencias socioeconómicas de estos días de dolor serán graves y pronto se comenzarán a sentir en toda su magnitud.

Pero, ¿quiénes estarán en la mesa de diálogo? y ¿cuántos intereses se mueven detrás?- Los estudiantes son la cara más visible y aún no se ponen de acuerdo sobre su representación; los organismos de la sociedad civil que desde hace rato demandan la salida de Ortega, mantienen su posición.

La empresa privada pide la salida de las autoridades del INSS, una auditoría a la institución, reforma a la ley electoral y esclarecimiento de las muertes de jóvenes, entre otras, pero no demandan la salida de Ortega.

Otros sectores, como los campesinos, las mujeres, la pequeña y mediana empresa, reclaman un lugar en la mesa y quieren hacerse sentir por ellos mismos, sin interlocutores.

Los partidos políticos de oposición todos con débiles bases, también piden una silla en la mesa y cada uno va detrás de sus intereses propios, en busca del regreso al poder.

Pero hay otras voces, que se han hecho escuchar desde los primeros días de la protesta, que aún no se sabe a quién representan y si estarán en la mesa del diálogo, como el general en retiro y empresario Humberto Ortega, hermano del Presidente.

Humberto Ortega viene hablando desde hace algún tiempo de una concertación nacional y en declaraciones al periodista Andrés Oppenheimer, el 4 de mayo dijo lo siguiente “la pareja presidencial no tiene perspectiva como tampoco las tiene la oposición. La única forma de salir de esta crisis será mediante una concertación nacional que comience con el diálogo mediado de la iglesia”.

Oppenheimer comenta que cuando le pregunto a Humberto sobre las demandas de los críticos del gobierno para que venga la CIDH y se realice una investigación internacional, para investigar la muerte de los estudiantes, Humberto Ortega no quiso entrar en detalles, pero me dijo que “tiene que haber una transición, un aterrizaje suave, una salida constitucional, un diálogo donde se verá si se pueden adelantar las elecciones del 2021”.

La pregunta es ¿a quién representa Humberto Ortega? y ¿a quién sugiere?.



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